Iván Muñoz Bernabé
Bombero y guía canino de la Comarca de la Ribagorza – Huesca
Especialista en aludes

Hoy en día, cuando se habla del rescate en los accidentes de alud, se hace mucho hincapié en la tecnología, en los nuevos avances respecto a los Detectores de Víctimas de Aludes (DVA), que si analógicos, que si digitales, de una antena…de tres antenas, que si detectan simultáneamente a varias personas, de la versatilidad e idoneidad del sistema RECCO, de nuevos protocolos de búsqueda…

Cabe destacar que esta tecnología es la que salva vidas, ya que es la que debería estar siempre presente en una actividad invernal y son los propios compañeros de las personas sepultadas, los que pueden hacer una localización precoz. El DVA debe complementarse con el uso de la sonda y de la pala, asociado a una formación base para conocer a la perfección su funcionamiento, así como realizar una buena gestión del riesgo y toma de decisiones.

Pero hay otra herramienta de localización complementaria, cuyo trabajo, en la mayoría de las ocasiones, es invisible y que es fundamental dentro de un equipo de rescate organizado. Dicha herramienta es el perro detector de víctimas vivas sepultadas por un alud.

El perro de rescate con disciplina en búsqueda y rescate: especialidad aludes

La historia del rescate con perros de aludes data de 1937. El primer rescate del que se tiene constancia documental fue el rescate de un niño sepultado, donde un perro no adiestrado, marcó, por iniciativa propia, la posición del pequeño y pudo, de esta manera ser localizado y rescatado.

Dentro del campo del perro de rescate hay dos variantes bien diferenciadas: los perros de rastro y los perros de venteo.

Un perro de rastro es aquel que trabaja con un olor de referencia (un único olor, del propio desaparecido), teniendo que discriminar el resto de olores, dichos perros son guiados mediante correa y siempre llevan la trufa pegada al suelo para captar las moléculas y partículas de olor de la propia persona y el rompimiento del terreno que esta ha dejado al andar. Las razas predominantes para este trabajo son el sabueso, el beagel, o el bloodhound, entre otras. En España, hay pocas unidades caninas que utilicen esta disciplina, ya que es exclusiva de grandes áreas. Es más común, por su polivalencia, el perro de venteo.

 

 

 

 

Perro, de raza bloodhound, rastreando. Foto: Ernest Capdevila de la Unitat Canina de Rescat Bombers Generalitat Catalunya.

El perro de venteo, a diferencia del perro de rastro, es un perro multidisciplinar, ya que puede especializarse en diferentes disciplinas (estructuras colapsadas, aludes y grandes áreas). A diferencia del perro de rastro no trabaja con la trufa pegada al suelo sino con la cabeza levantada, para captar las partículas de olor humano suspendidas en el aire las cuales van dentro del virtual cono de olor. Son capaces de buscar en una amplia zona invirtiendo muy poco tiempo. Todo perro detector, ya sea de estupefacientes, de explosivos o de rescate con disciplina en estructuras colapsadas y/o aludes, es un perro de venteo, así mismo los perros de venteo también son utilizados en grandes áreas.

Hay razas predeterminadas con unas capacidades óptimas para el trabajo en aludes, como puede ser el Pastor Alemán, el Pastor Belga Malinois, el Labrador Retriever, el Golden Retriever o, entre otros, el Border Collie.

El can, dentro de su vida útil de trabajo, tiene tres fases:

Una fase de socialización, que va desde el segundo mes hasta los seis meses de vida.

Es la fase más importante, ya que de un buen adiestramiento social dependerá su comportamiento el resto de su vida. Dicha fase consiste en familiarizar al perro con otros perros y personas, así como situaciones diversas encaminadas a su futura labor, el rescate. Un perro de aludes debe estar acostumbrado al ruido del helicóptero, motos de nieve, sirenas, aglomeración de gente, etc…. para poder tenerlo controlado y no crear problemas. Un buen lugar para pasar esta fase es una gran ciudad.

Otra fase de formación, entre los seis meses hasta el año y medio. Es difícil explicar en unas líneas el trabajo de formación de un perro de rescate, pero espero dar unas pincelas a modo de introducción.

En la fase de formación, se le enseña al perro a marcar, es decir a ladrar, para pedir su juguete. Una vez conseguido esto se empiezan a realizar pequeñas búsquedas, siempre con el figurante a la vista del perro, para motivarle y una vez el can llegue a este, le ladrará para obtener su juguete. Seguidamente pasan a ser búsquedas más largas y con diferentes estímulos de motivación, llamadas y/o fijación del perro mientras el figurante se esconde, hasta que finalmente se le van retirando estas ayudas y poder conseguir que el perro tenga iniciativa propia para salir a buscar. Paralelamente al trabajo enfocado a la búsqueda, esta el de la obediencia y control del perro. El perro de rescate ha de ser disciplinado y estar controlado en todo momento, para evitar situaciones no deseadas. Después de este trabajo se empieza a orientar al perro en la disciplina que se le quiere especializar.

Y, finalmente, una última fase operativa, que va desde el año y medio hasta los nueve años. En esta fase el perro ya esta preparado para participar en intervenciones reales y llevará un entrenamiento periódico de entre dos y tres prácticas semanales.

Todos estos datos son orientativos, según la calidad del ejemplar, del trabajo realizado, así como del tiempo invertido.

Cualidades y características de un perro de rescate

El perro debe reunir unas condiciones físicas y una morfología idónea para dicho trabajo, perros fuertes y ágiles, y de tamaño medio. A parte de estas consideraciones, el animal ha de tener innatas unas cualidades, como son, inclinación por la caza (ganas de perseguir una presa), inclinación por la presa (ganas de liberar su ansiedad de persecución con la mordida) e intensidad en la búsqueda (interés y perseverancia en encontrar una presa). Al mismo tiempo ha de tener un carácter social y equilibrado. En definitiva, motivación por uno de sus instintos primarios, el juego.

Para ello, durante su adiestramiento, se utiliza un juguete, el “mordedor”, por el cual la mayoría de perros de trabajo tienen una motivación especial. Para entender esto último pondremos un ejemplo. Una de las pruebas evaluadoras que se realiza a un perro joven para ver sus cualidades y predisposición por el trabajo es la siguiente: el guía sostiene un mordedor e intenta llamar y fijar la atención del perro; seguidamente este lanza dicho juguete a una zona de hierba espesa y el perro tiene que tener la suficiente motivación como para salir detrás de la presa (el mordedor), batir y cuartear la zona de hierba hasta localizar el objeto. Finalmente, el perro se verá recompensado por ese esfuerzo, físico y psíquico, con la captura del juguete.

Otra de las cualidades, común a todas las especialidades, que ha de poseer un perro de rescate, es el valor, característica fundamental para que un perro se exponga al peligro sin presión externa, por parte de su guía, y que se mantenga en esa situación, incluso si va en contra de su instinto conservador.

Mordedor fabricado en tela francesa, nylon en el exterior y relleno de algodón (izq). Perro con su mordedor (centro). Perro disputando su mordedor (dcha.)

Búsqueda del olor humano

El sistema olfatorio de los perros está diseñado para la detección de sustancias químicas presentes en su entorno, en diferentes concentraciones, y que son transportadas por la atmósfera o depositadas en una superficie. El perro de rescate va a ser adiestrado para que busque un conjunto de sustancias que el cuerpo humano expele, cuyo origen y propiedades es muy diverso. El ser humano tiene un olor característico de procedencia diversa:

  • Células epiteliales, con una vida media aproximadamente de 36 horas, procedentes de la piel, tracto respiratorio y digestivo.
  • Bacterias que actúan sobre las células muertas originando productos como metano y ácidos grasos volátiles, entre otros.
  • Otras sustancias procedentes de la eliminación de sudor y de la actividad hormonal, como pueden ser las feromonas.

Otros aspectos a tener en cuenta y que pueden aportar variaciones importantes al olor son de origen genético, socio-culturales, raza, edad, dieta o el tratamiento continuado de fármacos.

En el caso de los cadáveres, estos desprenden gases y líquidos procedentes de la descomposición del mismo, liberando metano y sulfuro de hidrógeno (olor a huevos podridos). También, como consecuencia de la descomposición de las proteínas, aparecen la cadaverina y la putrescina dándole un olor característico, viéndose retardado este proceso en las víctimas por aludes, debido a la temperatura y exposición. Se ha dado el caso que un perro detector de víctimas vivas, marque a un cadáver sepultado por un alud. Este comportamiento podría ser correcto* ya que el alud es una zona relativamente aséptica, y en caso de que el perro no encuentre el olor a vivo, este por descarte y/o estrés pueda llegar a ladrar, aunque normalmente no suelen ser ladridos francos, si no como de duda e inseguridad, según cada ejemplar.

Así mismo, debido al estado de conservación del cadáver por el frío, se ralentiza el estado de descomposición del mismo y el perro puede marcar sin problemas sin diferenciar si está vivo o muerto, esta situación se puede prolongar en el tiempo de manera indeterminada, ya que va en función de las condiciones.

* En el caso de que sólo hubiese una víctima, pero siempre ha de localizar a las vivas.

En una intervención real, si el perro no ha localizado, ya sea porque no ha encontrado o porque no había nadie. Siempre es recomendable y muy positivo realizar un ejercicio de confirmación, para evitar la frustración. Un perro de aludes, no sólo sirve para localizar, si no también para discriminar y confirmar la inexistencia de posibles víctimas.

El cono de olor y su desplazamiento

El desplazamiento de las partículas puede representarse en forma de cono tridimensional truncado. Su longitud y su área dependerán de las condiciones meteorológicas del momento. Por ejemplo, un día con viento fuerte y racheado el desplazamiento de las partículas de olor, o cono de olor, irá más rápido y será mucho más estrecho, con la consecuencia de ser más difícil de captar para el perro.

A la hora de gestionar una búsqueda es muy importante establecer una estrategia en función de la condiciones de trabajo ya que estas pueden variar de un momento a otro. Estas condiciones las denominamos patrones de movimiento del cono de olor y se refieren a aspectos como:

  • Efectos de los vientos predominantes en el alud y cambios bruscos de tiempo
  • Turbulencias provocadas por irregularidades del terreno
  • % de humedad relativa
  • Tipo y cantidad del material desplazado
  • Altas o bajas presiones atmosféricas. Altas presiones: comprimen verticalmente el cono de olor y hacen que este ascienda. Bajas presiones: facilitan el descenso vertical del cono de olor

Para localizar a una persona, el perro ha de cruzar el cono de olor de esta, es decir ha de oler a la víctima una vez corte la trayectoria, línea de detección, de la estela de olor humano en función de la dirección del viento.

La permeabilidad del cono de olor a través de la neu

Pueden existir variaciones en el tipo y cantidad de olor en función de los siguientes factores:

  • Corrientes y dirección del aire
  • Estado de la víctima
  • Permeabilidad de las superficies
  • Profundidad de la víctima

En función del tipo de nieve, la profundidad a la que se encuentra el herido y el tiempo de sepultamiento la localización de la víctima puede ser más o menos dificultosa. No es lo mismo un alud de nieve polvo (seca), que tiene poca densidad por tener más aire en su interior, y por lo tanto más penetración del cono de olor, que un alud de fusión o de nieve húmeda que tiene más densidad y mayor contenido de agua, lo que hace que sea más difícil que dicho cono atraviese el manto nivoso.

Hay que tener en cuenta que en una jornada de trabajo, la nieve se puede transformar hasta en dos ocasiones, es decir al medio día puede pasar de nieve polvo-dura a nieve primavera o húmeda y, al atardecer, con la caída de la temperatura, a nieve dura e incluso hielo. Todos estos cambios dependen de las condiciones meteorológicas del momento, ya sea por el efecto del viento, la insolación o la lluvia, fenómenos que hacen que los cristales de nieve pierdan su cohesión. Así mismo, si una persona permanece demasiado tiempo sepultada, se forma una capa de hielo sobre ella, debido a la condensación, provocada por su expiración y el calor corporal, lo que reduce ligeramente la emanación de olor.

Respecto a la profundidad, el cono de olor se puede ver más disipado con la profundidad. Normalmente en los entrenamientos este aspecto se trabaja a diferentes profundidades para que el perro focalice mucho mejor el punto caliente, es decir, el lugar donde se encuentra la víctima.

Otra faceta en la que se trabaja es la discriminación de olores, es decir, con comida, combustible, rescatadores, otras sustancias, etc. El perro operativo, tiene que tener claro cuál es su olor de referencia, el humano; cualquier otro olor no debería llamarle la atención mientras trabaja, ya que se les condiciona a que el juguete sólo lo consiguen con el olor humano que emana de debajo de la nieve.

A continuación veremos unas tablas de la composición de los distintos olores a detectar en perros de rescate, tanto si la víctima está viva como si está muerta.

Olor A y B: constituyen el olor a “humano”. Aunque “B” en un espacio confinado, es muy difícil su difusión. El cuerpo humano está a 37⁰C, por lo que la evaporización está garantizada y de ahí la fácil difusión de este olor.

Olor C: olor que lo componen distintos productos que aplicamos sobre la piel.

Olor D: presente ocasionalmente en la víctima o en el área de búsqueda, puede estar presente uno de sus componentes o en la totalidad de ellos.

Olor E: es el olor de fondo, se puede definir como el olor ambiente, es decir el que está presente en toda la zona de búsqueda. Debemos conseguir que cualquier olor que no sea el “A”, sea para el perro el olor de fondo.

Olor α (alfa): al morir la víctima, desaparece el olor “A”, y esta comienza una serie de procesos que se denominan descomposición, emitiendo gases y líquidos altamente volátiles y fácilmente detectables.

Olor B: forman parte de los olores de fondo que el perro debe discriminar.

Olor C: posible presencia en los cadáveres por la relajación de esfínteres.

Olor D: es el olor de fondo, se puede definir como el olor ambiente, es decir el que está presente en toda la zona de búsqueda.

En resumen, un cadáver huele diferente desde el primer momento, y la intensidad y capacidad de difusión del olor es mayor cuanto más tiempo pasa. Todo este proceso, en las víctimas sepultadas por aludes se ralentiza, de ahí que en ocasiones, en los primeros minutos de producirse el alud un perro pueda marca a un muerto como un vivo.

Gestión de búsqueda

Con una buena gestión de búsqueda, un perro de venteo puede tardar en localizar a una víctima sepultada por un alud de unos 10.000 m² y una profundidad media de entre 1 y 2 metros, entre 4 y 8 minutos aproximadamente, cuándo una línea de sondeo, formada por rescatadores experimentados, pueden tardar horas*. En el caso de búsqueda tecnológica, ya sea con DVA o RECCO, dependerá del aparato y de los conocimientos del manejo y uso, de los mismos, por el usuario, así como el estrés del mismo.

La gestión de la búsqueda con un perro de venteo es muy importante ya que el guía canino debe introducir al perro, en la zona de trabajo, con el viento en contra para que este pueda cortar dicho cono y localizar a la víctima, en el menor tiempo posible. El trabajo más optimo y eficaz, en aludes, es el desplazamiento del perro en forma de Z.

* Estos datos son orientativos y no concluyentes, ya que influyen muchos factores, esta basado en varias prácticas. El tiempo óptimo de búsqueda de un perro operativo es de unos 25 minutos a alto rendimiento, una vez pasado este tiempo es recomendable retirar al perro y dejarle descansar. El tiempo de recuperación es aproximadamente el doble del tiempo trabajado.

La formación y el trabajo condicionado para localizar a una víctima

Lo que se consigue con una formación prolongada en el tiempo es condicionar el olor humano a ese mordedor, es decir que el perro sabe que cuando encuentre ese olor va a recibir su juguete. Seguidamente también entiende que ese olor emana de debajo de la superficie o elemento sepultante y está condicionado a que la víctima siempre está debajo.

La manera que un perro de rescate en aludes tiene de marcar la localización de una víctima, es mediante el marcaje activo del rascado y el ladrido, por ese orden, ya que cuando por dificultad orográfica, agotamiento o por estrés el perro no consiga llegar a la victima rascando, este romperá a ladrar.

Una vez que el perro realice un marcaje en una situación real, el guía se aproximará y confirmará, con su sonda, la existencia de una posible víctima, seguidamente el guía premiará el trabajo del perro con la entrega, disimulada, del mordedor.

El perro de aludes no sólo trabaja en invierno, también en el periodo estival se sigue entrenando, tanto en grandes áreas para dotar de autonomía e independencia al perro respecto al guía canino, como en estructuras colapsadas para dotarle de movilidad y desplazamiento, ya que en el Pirineo la mayoría de aludes son de placa y este escenario es muy similar.

Nuevas herramientas para el incremento de la calidad en la búsqueda, estructura hinchable

Dicha estructura sirve para realizar zulos en la nieve ayudado por una retrack (máquina pisa-nieves). La estructura tiene unas dimensiones de 350cmx80cm, consta de dos asas para extraerlo del agujero una vez lo haya tapado la máquina y de válvula antiretorno, así mismo tiene una tapa de gran abertura para evacuar el aire a la hora de deshincharlo. El tiempo de llenando es de 6´al 100% y se hincha con un cargador eléctrico portátil de batería de 12V. Esto supone un incremento sustancial en la calidad del trabajo de los perros como es la reducción de olores residuales ya que hay mucha menos manipulación, el trabajo de confinamiento, motivación y confianza, la posibilidad de trabajar a diferentes profundidades, discriminación de olores y la propia seguridad del figurante.

 

Condiciones a tener en cuenta cuando trabaja el perro de rescate

Es recomendable no permanecer sentado en la zona de trabajo. Y está terminantemente prohibido jugar con ellos mientras realizan su trabajo, es decir, ignorancia absoluta por parte del resto de rescatadores y personal que se encuentre en la zona.

El guía canino de rescate

Para completar un buen binomio de rescate, la figura del guía canino ha de ser la de un especialista en montaña integrado en los grupos de rescate profesionales, es decir, el binomio tiene que ser autónomo en el medio, ya que, en la mayoría de situaciones, no debe depender de otros compañeros para realizar sus funciones. Por lo tanto un guía canino ha de tener un buen nivel de esquí, adecuada preparación física, conocimientos de progresión invernal, nivología y meteorología, así como formación y capacitación en técnicas de montaña y búsqueda tecnológica con DVA y RECCO. Así mismo, es necesario que el guía canino resida cerca del ámbito de influencia de actuación, al margen de poder reducir considerablemente las isocronas mediante el helitransporte.

 Su formación…

Para dar una respuesta de calidad, la formación profesional del binomio, debe ser reglada e impartida por la Administración Pública o entes concertados. El certificado de profesionalidad de “Instrucción canina en operaciones de seguridad y protección civil”, viene recogido y publicado en el Real Decreto 548/2014 de 27 de junio. Dicha formación es la que ampara legalmente a dicho binomio. En la comunidad autónoma de Aragón las unidades caninas de bomberos están reguladas mediante reglamento interno, así como por los puntos g) e i) del art. 5 del Decreto 158/2014 de la Ley 1/2013 de 7 de marzo.

En la actualidad, la formación base más sus especialidades se imparten en la Escuela Nacional de Protección Civil (ENPC) de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias del Ministerio del Interior y sólo se puede acceder a estos cursos bajo la solicitud de un Servicio oficialmente. La ENPC se ha postulado como centro nacional de referencia en la formación de guías caninos de rescate, ofertando, al margen del curso base de capacitación, las especialidades en estructuras colapsadas, deslizamientos del terreno y grandes áreas, así como el curso de primeros auxilios veterinarios.

Así mismo, la Universidad de Zaragoza tiene ofertado un título propio denominado Diploma de Extensión Universitaria en Guía Canino de Rescate en Aludes.

Mapa de perros de aludes en el Pirineo

Fecha: 7 Abr 2018

Autor:

Categoría: Divulgación

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